Martes, 12 Diciembre 2017

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

manuel hernandez villeta articulo
El desarrollo de la agropecuaria dominicana es una necesidad. Es mantener la mano de obra en el campo. Es reducir el número de habitantes de los cordones de miseria. El campo se va quedando sin mujeres y hombres jóvenes, y por eso muere lentamente.

La juventud deja de cultivar la tierra para vivir una esperanza fallida. Piensa que  al llegar a la ciudad dará el salto hacia su desarrollo individual. Tremendo desastre. No pasan de ser  los moradores de los tugurios de miseria que bordean la ciudad. Se quedan sin el campo y no son admitidos en la ciudad.

La sociedad necesita dar un salto adelante. Dejar atrás esa carga de miseria que la golpea a  cada costado. El desarrollo del campo puede ser una solución, por lo menos evitaría el éxodo masivo hacia la miseria de las ciudades.

Ya no tiene razón de ser el cultivador de conucos, el minifundista o el parcelero de una utópica reforma agraria. Ahora hay que llevar las técnicas agropecuarias a los pequeños cultivadores. Sin técnica, no podrán hacer parir la tierra. No les será productiva, y estarán condenados al fracaso.

Los parceleros fueron engullidos por lo terratenientes. Dar  terrenos de una reforma agraria inexistente no resolvió los males  del agro. Sin créditos, sin semillas, sin asesoramiento, sin tecnología, abrir surcos con una azada era un contrasentido y una frustración.

El camino sigue empedrado. Las principales agropecuarias  nacionales están también abandonando el campo, para convertirse en empacadoras y distribuidoras. Compran granos diversos y los envasan con marcas dominicanas, pero sin que los mismos procedan de nuestra tierra.

Se abre paso a una economía de empaque y distribución, y eso no es desarrollo de la agropecuaria. Para lograr desarrollo hay que producir localmente, no traer de fuera. A dónde iremos a parar a largo plazo si se cultivaron en otros países, productos que se ofertan como locales. Están  en esa lista  el café, el cacao, el azúcar, el maíz, los plátanos, la batata, y ya, mejor no sigo.

Creo que es necesario el desarrollo del campo dominicano, pero mejorando la producción local y atrayendo a los minifundistas. Que se forme una gran unidad del capitalista agro-empresarial y el parcelero, para que éste pueda vivir decentemente y que no emigre hacia una nueva ronda de la miseria. Si se traen los productos agropecuarios de otros países, y se venden con etiquetas locales, le estamos asestando una puñalada al campo dominicano. ¡Ay!, se me acabó la tinta. 

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