Jueves, 27 Julio 2017

Por Francisco Luciano*

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Desde sus tiempos de dirigente sindical en la fábrica de tornillos donde perdió un dedo en las faenas de trabajo, pasando por la presidencia de Brasil y ahora en su intento de regresar al cargo, Lula Da Silva ha significado un problema para las clases dominantes del Brasil y ha sido atacado con sorna por la  estructura mediática de las agencias de prensa al servicio del gran capital y muy particularmente de las influenciadas por el gobierno de los Estados Unidos.

El hombre que fue capaz de romper las reglas de que “a las tres son la vencidas” porque ganó la presidencia  en el cuarto intento, fue ganando espacio político y social hasta convertirse en el político más popular del planeta y en modelo a ser imitado para administrar gobiernos que alcancen el crecimiento y favorezcan la distribución de las riquezas.

Al sacar a 28 millones de seres humanos de la pobreza en apenas ocho años de presidencia, Lula probó que la miseria no es un castigo de la divina providencia por nuestros pecados, sino que es el resultado de la apropiación de unos pocos del resultado del trabajo de muchos.

Sus ideas sobre un nuevo orden económico mundial donde Brasil, Rusia, India y China crean el BRIC como un Banco para garantizar financiamiento que desarrolle a países pobres y sus esfuerzos para reunir en el MERCOSUR a las naciones sur americanas promoviendo soluciones a situaciones y cosas del continente sin la tutela de los Estados Unidos. 

Su firme posición para convertir a Brasil en un país con capacidad para desarrollar ciencia y tecnología que convertidas en producción de bienes y servicios competían quitando mercado a las empresas de capital norteamericano.

Y su decisión de regresar a la presidencia de Brasil bajo la consigna de que con él, Brasil volverá a crecer y a ser un país solidario, constituyen motivos más que suficientes para que traten de asesinarlo  moralmente e inhabilitándolo  con una sentencia judicial que sin el más mínimo de los fundamentos busca quitarlo del camino para las presidenciales de 2018.

Las raíces de su Partido de los Trabajadores, PT, que es el único partido verdaderamente estructurado con presencia en toda la geografía de ese gran país y que además se encuentra unido monolíticamente bajo el liderazgo indiscutido de Lula, sumado a la gran popularidad de que disfruta el ex-mandatario en la población brasileña, han provocado  la acción desesperada de la derecha, que usando a uno de los jueces a su servicio (Sergio Moro) trata de hacer que Lula recule, con una descabellada y absurda sentencia que le condena en primera instancia a nueve años y medio de cárcel y  que se caerá por falta de pruebas al momento de ser conocida la apelación en curso.

Quienes no conocen  de la reciedumbre y el coraje de Lula, andan con un fututo repitiendo como papagayos el contenido de la campaña de calumnias puesta en marcha contra uno de los políticos más éticos que ha conocido la política mundial, obviando que esa campaña busca en el fondo,  tratar de evitar su retorno al poder y convertirlo  en un político corrupto más, con el avieso propósito de evitar que a otros trabajadores y pobres del mundo se les ocurra imitar su tenacidad, entereza y entrega a la causa de la redención social por vía del ejercicio de la  política como fuerza liberadora al servicio de las mayorías excluidas, pues para el gran capital y el imperialismo, Lula es un mal ejemplo que debe ser borrado de la historia de glorias y éxitos que con su trabajo y dedicación ha logrado construir.

Como están las cosas en Brasil, la derecha tiene solo  una de dos maneras para impedir que Lula vuelva a ser presidente del país: Matarlo o encarcelarlo, por lo que nos atrevemos a asegurar que, si lo matan lo convertirán en el mártir más grande y amado de América y si lo encarcelan lo convertirán en una víctima que desatará la repulsa con ira de toda una nación que ha puesto sus esperanzas de mejorar, en la victoria de este obrero metalúrgico que ha tenido que nadar contra corriente durante toda su vida y del que estamos absolutamente seguros que a sus 71 años, no va a rendirse y peleará junto a su pueblo esta gran batalla por la democracia, la libertad y la razón.

Unamos todas las voces y acciones posibles para alentar la solidaridad con Lula y el PT, desmontando todas las mentiras y calumnias en su contra pronunciadas, contra un líder dedicado y autentico.

*El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD

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